“Consideré que se trataba, en cierto modo, de una señal religiosa, que Dios había dicho que yo no estaba preparado para hacer la película y necesitaba sufrir más humillaciones. Es cierto, estoy convencido de ello”  Martin Scorsese 1994

La última tentación de Cristo

La Valentía de Martin Scorsese

Cuatro años después de la primera intentona de levantar este proyecto, Scorsese tenía pocas esperanzas de que algún día se hiciera realidad.

Eso sí, seguía intentándolo con resignación y paciencia.

Para un hombre como él, proveniente de una tradición tan católica, que incluso se había planteado hacerse cura en su juventud, esta película era algo así como un desafío personal.

Más aún cuando la novela de Nikos Kazantzakis le proveía de un punto de vista muy afín a su idiosincrasia artística, con el que podía elaborar un discurso sobre Jesús mucho más personal y alejado, en cierta forma, de lo que se podría esperar de un relato de estas características.

Entre lo humano y lo divino

Polémica mundial

Lo más increíble y absurdo de la polémica mundial que generó, es que el alboroto se suscitó y fue motivado por personas que ni siquiera habían visto todavía la cinta y peor leído el libro. La figura “divina” de Jesús debía ser defendida y el fanatismo ciego no escuchó razones (¿mmm… cuándo lo hace?).

Valentía e inspiración frente al dogmatismo

Años después podemos dimensionar la obra de Martin Scorsese en su real magnitud.

Película valiente e inspirada donde Martin expuso su fe, recordemos que iba para seminarista, y tanto él como Nikos fueron contra el dogmatismo intentando contarnos un punto de vista distinto, aquí Jesús duda y tiene miedo, su primer predica es un desastre, es más bien Judas quien lo alienta y asume que la única forma de que cumplan las profecías es traicionando a su amigo.

La eterna dualidad

la confrontación entre lo humano y lo divino, la lucha interna entre lo que vive en nuestro interior de espiritual y de material, la esencia misma del cine de Scorsese, un cine profundamente existencialista y atormentado.

Su Cristo mira en su interior con un salvajismo inusitado, y las heridas de su cuerpo, su sufrimiento físico, es al mismo tiempo espejo y representación de su aflicción y angustia interior.

Cristo como parábola y metáfora del sufrimiento del mundo, más que como vehículo de fe. Y en esa metáfora, se une lo abstracto y lo carnal. No caben, por tanto, aquí las quimeras integristas y simplificadoras de otros acercamientos a la mítica figura de Jesús.

En primer lugar, para Scorsese, Jesús era humano, atrozmente humano, y esto otorga una nueva dimensión, más real y más poderosa, a su condición divina o celestial.

Narra los episodios de Jesús de manera incluso ortodoxa, pero la dimensión humana que Dafoe y Scorsese impregnan al personaje convierten a esos episodios tan conocidos en algo mucho más sincero y auténtico, como si nunca los hubiéramos visto antes.

El tercio final, realmente magnífico, hace por fin pedazos la figura y la mitología del personaje, para deconstruirla y hacerla más verdadera, más dolorosa, más bella.

Recomendable película para visionar por su interesante visión

 

 

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